La fuerza y la resistencia son dos cualidades incompatibles si tratamos de alcanzar el nivel máximo desarrollo en ambas. El entrenamiento de cada una de ellas produce unas adaptaciones musculares antagónicas. El entrenamiento típico de fuerza, que se realiza con intensidades medias o altas con un número reducido de repeticiones por serie, tiende a producir una reducción de la densidad mitocondrial mantenimiento o reducción de la densidad capilar y reducción de la actividad de las enzimas oxidativas, lo que reducirá la capacidad oxidativa del músculo; todo esto viene acompañado y se relaciona con un aumento del tamaño de la fibra muscular, con una tendencia a la transformación funcional de las fibras IIB a IIA y con el aumento de la capacidad contráctil, lo cual produce una mejora de la fuerza y de la potencia anaeróbica. Por el contrario, el entrenamiento típico de la resistencia coma que se realiza con numerosas repeticiones del mismo gesto de competición o del ejercicio de entrenamiento superando resistencias muy ligeras, produce adaptaciones prácticamente opuestas: aumento de la actividad de las enzimas oxidativas, aumento de la densidad mitocondrial y capilar, mantenimiento reducción del tamaño de las fibras imposible transformación de fibras tipo IIA a I, modificación del modelo de reclutamiento, reducción de la capacidad contráctil con disminución de la velocidad máxima de acortamiento de las fibras de tipo II y probable reducción del pico de tensión y de la producción de fuerza por unidad de tiempo de todas las fibras.

 

González Badillo, J. J. y Ribas Serna, J. (2018), La fuerza y la resistencia, Programación del entrenamiento de fuerza (pp. 225). INDE (E.d.)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.