Uno de los condicionantes que es necesario tener en cuenta para iniciar el entrenamiento de la fuerza, al igual que para cualquier otra cualidad o habilidad, es el momento en el que el organismo pase por una fase del desarrollo en la que exista una especial predisposición para mejorar la fuerza.

El desarrollo de la fuera en niños más allá de lo que le correspondería por su propia maduración biológica natural antes de alcanzar las fases sensibles ha sido comprobada en numerosos estudios. De dieciocho estudios publicados desde 1976 a 1993 (A.D. Faigenbaum, 1993) en los que se entrenaba a niños comprendidos entre seis y los once años resultó que en dieciséis de ellos se observó una mejora significativa de la fuerza superior a la de los sujetos de la misma edad y características que no entrenaban la fuerza. Dado que la mayoría de estos niños eran preadolescentes y no habían alcanzado el grado de producción de la hormona masculina como para encontrarse en el momento idóneo para la mejora de la fuerza, es probable que otras hormonas como la insulina o la hormona de crecimiento y, por supuesto, factores neuromusculares, sean los responsables de la mejora de la fuerza.

 

González Badillo, J. J. y Ribas Serna, J. (2018), La iniciación en el entrenamiento y las fases sensibles en el desarrollo de la fuerza, Programación del entrenamiento de fuerza (pp. 197-198). INDE (E.d.)

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