El músculo esquelético está diseñado para producir fuerza, es decir, para acelerar una masa o deformarla. La masa a acelerar es una parte de nuestro cuerpo, ya sea una extremidad, un segmento de la extremidad, la mandíbula o el globo ocular.

La fuerza que produce el músculo se aplica en primer lugar sobre el tejido elástico del propio músculo y sobre los tendones, que son tejidos conectivos, con buena capacidad elástica, que unen los músculos al periostio de los huesos, otro tejido conectivo que sirve de firme anclaje a los terminales tendinosos.

A veces, el concepto de aceleración no se percibe fácilmente de manera intuitiva, de modo que cuando se dice que la fuerza es igual a la masa por la aceleración (F=m · a) el concepto de masa es evidente pero el de aceleración no lo es tanto. Aunque si se tiene en cuenta que la aceleración es en realidad lo que aumenta o disminuye la velocidad en la unidad de tiempo, y la fórmula quedaría de la siguiente manera:

F = m · v/t

El término m · v es más fácil de intuir, es la velocidad que lleva una masa determinada, que es algo a lo que estamos acostumbrados cuando vemos desplazarse un balón de fútbol, un ciclista en una bicicleta o un avión volando; a este producto m· v se le denomina “cantidad de movimiento”. De este modo, la fuerza se puede definir también como la cantidad de movimiento que se realiza en la unidad de tiempo.

 

González Badillo, J. J. y Ribas Serna, J. (2018), La fuerza en relación con el rendimiento deportivo, Programación del entrenamiento de fuerza (pp. 40 y 41). INDE (E.d.)

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