Todas las variables y factores que intervienen en la mejora de las distintas expresiones de fuerza se organizan y estructuras en unidades de entrenamiento a través de porcentajes, repeticiones por serie, series y pausas de recuperación. El carácter de esfuerzo estará presente en todas las unidades de entrenamiento y es que realmente ha de controlar el ajuste de la intensidad del mismo. En algunas situaciones puede incluso sustituir a los porcentajes. El mayor o menor uso de las distintas alternativas de unidades de entrenamiento y su adecuada distribución a lo largo de un ciclo de entrenamiento va a constituir la metodología o método de entrenamiento que se aplica.
La mejora de la fuerza se consigue siempre que el sistema neuromuscular se someta a unos esfuerzos o estímulos superiores a los que haya recibido hasta la fecha. Por eso, desde las resistencias externas más pequeñas hasta las más altas pueden ser válidas para mejorar la fuerza. Esto depende del grado de fuerza desarrollado hasta el momento. Por tanto, no tiene sentido relacionar mejora de fuerza máxima con porcentajes máximos o con un carácter del esfuerzo máximo.
Cualquier entrenamiento de fuerza siempre tendrá como objetivo mejorar una o varias de estas expresiones de fuerza y velocidad: la fuerza máxima, la fuerza útil, la fuerza explosiva o la máxima potencia. Realmente, la mayoría de los entrenamientos tienen algún efecto sobre cada una de estas capacidades, aunque el objetivo específico sea sólo alguna de ellas.

González Badillo, J. J. y Ribas Serna, J. (2018), Desarrollo de las distintas manifestaciones de fuerza y potencia, Programación del entrenamiento de fuerza (pp. 208 y 209). INDE (E.d.)

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