Pre-pubertad y pubertad
Semereiev (1964) y otros autores coinciden en afirmar que se trata de la edad óptima para el perfeccionamiento de la flexibilidad. Según Meinel (1978), la abducción coxo-femoral y todos los movimientos de la cintura escapular involucionan en amplitud angular a esta edad, mientras que la flexión del tronco y la cadera alcanzan valores cada vez más altos. Es una etapa de la vida en donde, por un lado, resulta totalmente necesario entrenar la flexibilidad y, por el otro, los riesgos que un mal planteamiento podría generar se multiplican. Recordemos la ley de Marc-Jansen, según la cual, la sensibilidad de los tejidos es directamente proporcional a la velocidad de su crecimiento. Y ésta es, precisamente, la etapa del “estirón”. Las modificaciones hormonales tienden a producir una disminución de la resistencia del aparato motor pasivo, y es por ello que, más fuerte que en ninguna otra etapa de la vida, los sobreestiramientos provocan desagradables lesiones. Muchas veces, incluso la velocidad de crecimiento longitudinal supera el ritmo de las adaptaciones mismas del sistema muscular al estiramiento, lo cual, evidentemente, deteriora aún más la ADM. Particularmente, durante esta edad, corren mucho riesgo la articulación coxo-femoral y, muy especialmente, la columna vertebral. Así, según Weineck (1988): “El problema se debe a que, durante el estirón de crecimiento, la capacidad de soportar una carga por el cartílago del cuerpo vertebral ha disminuido. Es preciso, entonces, evitar cargas excesivas en torsión, en flexión y en hiperflexión hacia delante, en hiperextensión hacia atrás o lateralmente.
Di Santo, M. (2012). Amplitud de movimiento (pp. 850-852), Barcelona, Ed. Paidotribo Edición de Kindle.
