La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una acumulación excesiva de grasa en el tejido adiposo, provocando un impacto negativo sobre la salud. Sin embargo, se puede definir la obesidad desde un enfoque complejo y multifactorial, como una enfermedad sistémica, multiorgánica, metabólica e inflamatoria crónica, que conlleva un mayor riesgo de morbimortalidad.

 

Tanto restringir la ingesta de calorías en la alimentación como conseguir un mayor gasto calórico mediante la actividad física o incluso una combinación de ambos han demostrado ser eficaces para reducir la cantidad de grasa visceral. Existen estudios que han mostrado que el ejercicio aeróbico puede producir una disminución significativa de la grasa visceral, incluso sin que se produzca pérdida de peso. En la misma línea, otros estudios muestran una correlación entre el aumento de la capacidad cardiorrespiratoria y la pérdida de grasa visceral. Por otro lado, es bien sabido que el entrenamiento de fuerza afecta positivamente a la sensibilidad a la insulina, así como a otros procesos directamente relacionados con la acumulación de grasa visceral. 

 

A día de hoy, no existe un programa de ejercicio físico ideal para el tratamiento de la sintomatología asociada a la obesidad ya que existen multitud de variables del entrenamiento que pueden influir en la respuesta asociada a éste como el tipo de actividad, volumen, intensidad, frecuencia o densidad, entre otras. En este sentido, el entrenamiento concurrente, que consiste en la combinación de ejercicios de fuerza y ejercicios cardiorrespiratorios se considera un método de entrenamiento eficaz para combatir la obesidad, debido a que se le atribuye una mayor adaptación de la capacidad oxidativa de las fibras musculares en comparación con el entrenamiento aeróbico por si solo, lo que aumentaría la tasa de lipólisis, fomentando así una mayor reducción del tejido adiposo visceral.

 

Los autores concluyen que un programa de entrenamiento adaptado a personas con obesidad, aplicado de forma individualizada y en el que se combina ejercicio aeróbico de baja intensidad con ejercicios de fuerza provoca mejoras significativas en la composición corporal, destacando la disminución del área de grasa visceral que mostró la mayor disminución. Del mismo modo, también se muestra una mejora de la condición física en los sujetos

 

 

Referencias

Mora, R. M. S., Oliver, A. J. S., Carmona, W. S., & Jurado, J. A. G. (2021). Efecto de un programa de ejercicio físico sobre la condición física y la grasa visceral en personas con obesidad (Effect of a physical exercise program on physical fitness and visceral fat in people with obesity). Retos, 39, 723-730.

 

 

 

 

 

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