La poca hidratación asociada a la sudoración induce pérdidas de agua corporal que influyen en la disminución del volumen plasmático y el incremento de la presión osmótica del plasma, de tal forma que el volumen plasmático disminuye de manera lineal y proporcional a la hipohidratación. Los responsables directos del aumento de osmolaridad son el cloro y el sodio, y esta hiperosmolaridad del medio extracelular moviliza el paso de sustancias del espacio intracelular al extracelular como mecanismo de defensa ante la hipohidratación. Podemos decir que la hipohidratación disminuye el volumen de plasma y la osmolaridad, y con ello contribuye a incrementar el trabajo termorregulador y cardiovascular del organismo.

 

  1. Pérez Ruiz (2006), Implicaciones nutricionales en el ejercicio, Fisiología del ejercicio (p. 285). PANAMERICANA (E.d.)

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