La resistencia a la fuerza o la “fuerza-resistencia”, como se suele decir en algunos casos, no es un tipo de manifestación de fuerza equivalente a la fuerza máxima o la fuerza explosiva, sino la capacidad para mantener un pico de fuerza y una producción de fuerza concretos durante un tiempo determinado. El tiempo será el correspondiente a la duración de la prueba, el cual, en algunos casos puede incluso venir influido, en parte, por la propia resistencia a la fuerza, como por ejemplo en cualquier competición de carrera, de natación o de contrarreloj en ciclismo. El grado de resistencia a la fuerza vendrá definido por las pérdidas de fuerza (máxima y explosiva) sufridas a una misma intensidad por el deportista de manera involuntaria durante una prueba o un entrenamiento.

El entrenamiento de la resistencia a la fuerza debe realizarse principalmente a través del gesto específico de competición. Hemos de considerar que siempre que se realiza un entrenamiento específico estamos entrenando la resistencia a la fuerza. Exceptuando algunas pocas especialidades deportivas, todas las demás dependen de la resistencia a la fuerza en mayor o menor medida. Si un corredor de 400m pierde velocidad en los últimos 100m es porque aplica menos fuerza sobre la pista y la aplica más lentamente, es decir, su rendimiento está limitado por la capacidad para mantener la aplicación de un determinado pico de fuerza en un tiempo concreto, por tanto, el rendimiento individual está dependiendo de la resistencia a la fuerza.

 

González Badillo, J. J. y Ribas Serna, J. (2018), Problemática del entrenamiento simultáneo de la fuerza y la resistencia, Programación del entrenamiento de fuerza (pp. 244 y 245). INDE (E.d.)

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