HIPÓLITO TRIAT

El periodista ,diplomático y catedrático de literatura griega y latina limeño Pedro Soldan Unanue, que escribió bajo el seudónimo de Juan de Arana, en sus “Memorias de un viajero peruano: Apuntes recuerdos de Europa y Oriente (1859-1863),” en las que narra su recorrido durante cuatro años por la Europa de mediados del s. XIX , una narración pormenorizada de todas sus experiencias en el viejo mundo sus estancias en Paris, Madrid ,Londres ,etc.…en sus vivencias nos encontramos su paso por el famoso Gimnasio de Triat .

Al mismo tiempo que mi espíritu en la Sorbona, Colegio de Francia y Jardín de Plantas, ejercitaba mis músculos tri-semanalmente en el Gimnasio de Triat.Estaba situado en los Campos Eliseos y sobre su fachada se leía en tamañas letras:”Regeneración del hombre”.

Allí concurrían hombres maduros y aun viejos, siendo el más joven yo, que contaba con veinte años; y también señoras y señoritas en los días respectivos. Estas recibían sus lecciones de la señora Triat, nosotros del marido.

La gente de Lima que no ha visto más gimnasia que los palos y las sogas deslucidas de los traspatios de las escuelas ni más gimnastas que los muchachos de ellas, tendrían dificultad en figurarse un grande y esplendido salón, con una bóveda transparente, toda de vidrios de colores, y galerías altas pintadas de verde que comunican entre si y con el suelo por elegantes escaleritas de caracol. Entre la bóveda y el suelo, cubierto de una capa de aserrín, se veían caer escaleras de cuerda tensas como las jarcias de un navío, sogas, trapecios argollas, etc.

Una de mis pruebas favoritas consistía en lanzarme a escape sobre tres barras horizontales de palo que estaban fijas a cierta altura, formando caballete, me cogía de las bajas, y lanzándome todo el cuerpo por debajo, pasaba por encima de la más alta iba a caer al otro lado. Un día después de haberme lanzado tuve la insigne torpeza de no soltarme, el cuerpo retrocedió contra la barra, me sentí partido por el eje; mis compañeros me recogieron casi doblado en dos, y a fuerza de fricciones con agua helada me curaron.

Un viejo capitán francés, también gimnasta, que complacía en darme consejos me dijo:
         En gimnasia y en política la menor excitación le pierde a usted.
He aquí otra de sus máximas:
         No le importe a usted hacer un disparate; pero… Hágalo usted en regla (carrément).
Hasta aquí el fragmento de estas memorias en las que vemos como a mediados del s. XIX en Paris el gimnasio de Triat era todo un aconteciendo pero vayamos mas halla y sepamos quien era este visionario que con una antelación de un siglo puso uno de los pilares básicos en lo que hoy es nuestro deporte.

Una consecuencia de la labor de Triat fue el salto a escena de atletas profesionales que incluían en su espectáculo proezas atléticas a la vez que se exhibían en algunas poses plásticas. Entre los mas destacados estaban el alemán Luís Durlacher (1844-1924),mas conocido como profesor Attila y ,sobre todo su pupilo Frederick Müller, mas conocido como Eugene Sandow. (1867-1925).

Nacido en Nimes. Paso su infancia trabajando en un circo ambulante, viajó por Italia, Austria, Francia y España. Precisamente allí en la ciudad de Burgos, sucedió un hecho capital para su vida. A los 15 años se le rompió una pierna y fue salvado por una dama aristocrática, la Señora de Monsanto, que le envió al Colegio de los Jesuitas, donde estuvo hasta los 22 años, después de haber adquirido una buena educación, y al tiempo, un notable desarrollo muscular. Desde entonces y hasta 1840, Triat presento un número de poses musculares con las que obtuvo un gran éxito en diversos países europeos. En 1840 se aposento en Bruselas, donde fundo su primera escuela de cultura física, que fue el lugar de reunión de la mejor sociedad bruselesa.

En 1849 se traslado a Francia e inauguró el gimnasio mas magnifico que haya existido allí; una sala de 800 metros cuadrados y 10 de altura, ocupada por los mejores aparatos de gimnasia de la época. Triat gasto allí el equivalente a más de 6.000.000 de euros actuales. Toda la alta sociedad parisina frecuento esa sala y el propio Emperador Napoleón III fue alumno de Triat durante mucho tiempo. Todos los alumnos del gimnasio vestían de la misma manera: un maillot color sangre de buey. Triat dirigía los ejercicios cubiertos con un suntuoso traje estilo Francisco I En ese local, el gran Hipólito llego a hacerse multimillonario.

Pero luego vino la guerra Franco-Prusiana y después la Comuna. Triat cedió su gimnasio para algunas reuniones de los comuneros y fue arrestado y detenido durante algún tiempo. Cuando salió de prisión fundo otro gimnasio; pero los negocios empezaron a irle mal. Abandono definitivamente su escuela en 1879 y murió dos años después, en 1881 y en la mayor de las miserias; él, un hombre que había conocido las mayores fortunas pero que las había gastado en proyectar y descubrir nuevos aparatos para hacer gimnasia y rehabilitar el cuerpo humano, en hacer caridades de todo tipo y en diversos proyectos que nunca pudieron llevar a cabo. El carácter especial del método Triat estriba en que, por primera vez en Francia, aplicó las pesas a los alumnos. Únicamente les hacia efectuar unos pocos movimientos a manos libres. La mayor parte de los ejercicios los efectuaba con unas mancuernas pequeñas y unas barras con unas esferas de 6 kilos.

Triat comprendió muy bien que la cultura física debía ser un sistema individual. El adaptaba los ejercicios a las necesidades de cada persona. Era particularmente enérgico con los gordos. Les hacia trabajar cubiertos con un maillot de lana hasta que literalmente, quedaban empapados en sudor.
¡El número de barrigas que hizo bajar durante los años del Segundo Imperio es incalculable! Hipólito Triat no solo introdujo en Francia las barras y las mancuernas sino también diversos aparatos especializados, que servían para trabajar diferentes grupos musculares. Era muy creativo e imaginaba novedades sin cesar hasta el punto de muchas de las maquinas actuales son simples derivaciones de las inventadas por Triat.

 

 

 

 

Triat escribió mucho, pero destruyo todo lo escrito antes de morir. Hizo también numerosos proyectos, el mas grandioso de todos la construcción de una escuela de Gimnasia Racional en la isla de Billancourt, en medio del Sena, donde habrían de encontrarse facilidades para la practica de todos los deportes, como un inmenso terreno al aire libre con pistas de carrera, velódromo y canotaje y unas grandes salas cubiertas para la gimnasia, boxeo y diversas especialidades de lucha. Sin embargo el Gobierno no hizo caso a Triat y prefirió construir allí unos almacenes militares.

“¡Para la regeneración del hombre!” Esta era la hermosa divisa que Triat había hecho escribir el frontón de su gimnasio. Y eso fue lo que siempre persiguió, a lo que consagro su vida, su inteligencia, su tiempo y su fortuna. Y también fue la causa de su muerte; desconocido y abandonado por todos aquellos a quienes había hecho donación de la ciencia de la belleza, la fuerza y la salud. Esto es lo que nos impulsa a escribir este pequeño homenaje al gran apóstol de la Cultura Física e introductor de las pesas. Hipólito Triat, que fue verdaderamente el Precursor y como todos los grandes espíritus avanzados Mal Conocido.

Allí nos inclinábamos apoyados en las manos, sobre una mesa de lavatorios corrida. El mozo llegaba; nos sacaba del cuerpo la camiseta; empapaba un guante de áspera cerda en el agua helada por diciembre en el fondo de la cuvette, y comenzaba a frotarnos rudamente y a lavarnos de cintura arriba.

Para enjuagarnos, extendía sobre nuestras encorvadas espaldas una toalla de hilo y comenzaba a palmotear estrepitosamente: tal vez había algo de juego de su parte: degeneración natural, como la de los regadores de manguera de las calles de Lima, que regando, se están divirtiendo, y más de una vez Acosta de los transeúntes. Al volver a nuestro asiento por nuestra ropa, un balde de agua igualmente helada nos esperaba, para que nos laváramos de las rodillas abajo.

 Una parte del ejercicio se hacia en formación como el de una tropa de línea, Monsieur Triat armado de un gran bastón daba las voces de mando y nos dirigía militarmente, a tambor batiente. En uno de los ejercicios que se practicaban de dos en dos, me tocaba siempre por compañero fronterizo, un hombre de cuarenta y cinco a cincuenta años; todo caído de un lado del cuerpo como caballo lunanco, la pupila endurecida y fija como una cuenta de cuerno, al aire cansado, fatigado, todo un crétin.

 Le pregunte al fin quien era ¡lector de novelas, qué casi sois los únicos en Lima, posternaos! Ese crétin era Paul Féval. (Novelista y dramaturgo francés Cultivó el género de aventuras de capa y espada).

 Por sus dimensiones y reglamento el Gimnasio Triat recordaba los famosísimos de la antigüedad a que tanta importancia daban los griegos. Las doce lecciones importaban al mes 26 francos. Se daban además al entrar, cuarenta francos para el traje gimnástico, por decirlo así, que consistía en un calzoncillo de punto de lana colorado y unos borceguíes de gamuza amarilla sin tacón y cerrados sobre el empeine por cordones pasadores.

Araona se describe así mismo en famosísimo gimnasio vestido con un calzoncillo de punto de lana colorado, una camiseta de lo mismo de color azul, faja también roja de lana y con unos borceguíes amarillos de gamuza sin tachón así como de su afición por la práctica del deporte a lo que no eran ajenos también los literatos franceses de la época, como el novelista folletinesco Paul Féval.

He aquí el fragmento de sus memorias en la que nos cuenta esa experiencia y nos da la descripción de primera mano de cómo era el gimnasio de este insigne hombre Hipólito Triat.

 El francés Hipólito Triat (1813-1881), paso gran parte de su juventud en España, fue el primero en estudiar el empleo de las pesas para alcanzar un desarrollo muscular fuera de lo habitual. A mediados del siglo XIX su gimnasio en Paris era una instalación enorme y a la vez popular. En su galería se permitía incluso la permanencia de espectadores.

 Carlos Ramos

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