El deporte y la cultura física en Roma.

 

En Roma se produce la ruptura completa entre los ejercicio atléticos y los ejercicio higiénicos. En la palestra los jóvenes romanos practicaban una gimnasia (salvando las distancias) parecida a la sueca.

 

La ciudad de Roma surgió de los asentamientos de tribus latinas que habitaban en las siete colinas, en la confluencia entre el río Tiber y la Via Salaria, a 28 kilómetros del mar de Tirreno. En ese lugar el Tiber tiene una isla donde el río puede ser atravesado a pie. Debido a la proximidad del río y del vado, Roma estaba en una encrucijada de tráfico de comercio.
Alrededor del siglo VIII a.C. los asentamientos se unificaron bajo el nombre de Roma Quadrata. La leyenda cuenta, que Roma fue fundada por Rómulo el 21 de abril de 753 a.C. Rómulo, cuyo nombre se decía, había inspirado el nombre de la ciudad, fue el primero de los siete Reyes de Roma. Los historiadores romanos dataron la fundación en el 753 a.C. y desde esa fecha contaron sus años.
La República romana fue establecida el año 509 a.C., según los últimos escritos de Tito Livio, cuando el rey fue desterrado, y un sistema de cónsules fue colocado en su lugar. Los cónsules, al principio patricios pero más tarde plebeyos también, eran oficiales electos que ejercían la autoridad ejecutiva, pero tuvieron que luchar contra el senado romano, que creció en tamaño y poder con el establecimiento de la República. En este periodo se fraguarían sus instituciones más características: el senado, las diversas magistraturas, y el ejército.

 

En Roma se produce la ruptura completa entre los ejercicio atléticos y los ejercicio higiénicos. En la palestra los jóvenes romanos practicaban una gimnasia (salvando las distancias) parecida a la sueca. Los juegos atléticos tenían en Roma un carácter de espectáculo. Los jóvenes Romanos sólo frecuentaban el anfiteatro como espectadores, dejando estas prácticas en mano de profesionales reclutados entre los pueblos bárbaros.El ciudadano romano promedio creía que el ejercicio era solamente necesario para la salud y para el entrenamiento bélico. No se vislumbraba el valor de juego como algo placentero durante el tiempo libre.

En los primeros tiempos de Roma la educación era predominantemente campesina y militar, oponiéndose los viejos romanos a la penetración de las costumbres helénicas. En gimnasia los romanos no innovaron. Los romanos nunca se pusieron de acuerdo sobre la educación física. Ni la abandonaron ni tuvo la consideración de la época griega clásica; como ya señalamos, la influencia sobre Roma fue todo de la época helenística, en la que la importancia de la educación física había disminuido ostensiblemente. El tipo de gimnasia que más proliferó en Roma fue la gimnasia atlética y profesional que se manifestaba en los espectáculos de lucha y que despertaba pasiones muy fuertes entre los espectadores. La educación física romana se puede comparar con la desarrollada en Esparta. Se competía en natación, lucha y atletismo, todo hacia un desarrollo físico de los jóvenes romanos con fines militares. En el hogar los padres le enseñaban destrezas físicas necesarias para la milicia, tales como el uso de la espada, lanza, el escudo, la jabalina y la monta de caballo. En resumen, se enfatizaba desde edades temprana el desarrollo de aptitudes físicas especializadas (fortaleza, agilidad, tolerancia y destreza motoras particulares) que son necesarias para desarrollar un eficiente soldado Romano.

El entrenamiento físico para los niños estaba orientado casi exclusivamente hacia fines militares. Los ciudadanos entre las edades de 17 y 60 años eran responsables de cumplir con el servicio militar. Se consideraba a la actividad física importante para el desarrollo de una buena condición física y para servir al estado cuando así se los solicite la nación. Los soldados seguían un itinerario de entrenamiento riguroso e inflexible, el cual consistía de una gran variedad de actividades físicas, tales como la marcha, correr, los saltos, la natación y los lanzamientos de la jabalina y disco.

Los romanos no tenían una valoración estética del cuerpo, no buscaban la síntesis entre armonía física y el desarrollo mental, sino, el cuerpo era para ellos un instrumento a someter a la razón y a la voluntad, o una fuente de placeres. Los romanos no creían en la belleza y simetría del cuerpo, ni en la armonía o el desarrollo equilibrado del individuo. Se enfatizaba en el juego bruto, sucio y sangriento. Sin embargo, era considerado de gran importancia un alto sentido de morales.

Los romanos no tenían una filosofía educativa que proyectara el desarrollo integral del individuo. Eran más bien espectadores que participes en deportes, prefiriendo el profesional y el de gladiadores. Como espectadores, los romanos, demandaban una violencia insaciable. Se aceptaba el profesionalismo en el deporte, dando énfasis en carreras con carruajes y combates con Gladiadores y hasta con bestias. Estas contiendas deportivas estaban plagadas de violencias, crueldad y brutalidad.

 

Si existió un sector que dedicaba toda su actividad a la preparación física para luego el combate estos fueron los gladiadores y merece la pena que hagamos un breve resumen de lo que los romanos consideraban sus héroes como nosotros tenemos hoy a los futbolista o los pilotos de formula uno. Del latín gladiador-oris, y este de gladius,”espada”. Etimológicamente proviene del término latino Gladiator, que significa el que lucha con la espada. Por extensión pasó a denominar al hombre que combatía contra otro hombre o bestia en la arena del circo romano.

En su origen, los espectáculos de gladiadores fueron ritos funerarios celebrados en la Campiña italiana el día de la exequias de ciertas personas influyentes. Los primeros combates están fechados alrededor del 530 a.C., gracias a unas pinturas etruscas encontradas en Tarquinia, zona de Etruria. De ahí pasaron a Roma, donde ya se documentan en la época de la República. En el año 264 a.C. se celebraron combates entre tres gladiadores para conmemorar el funeral de Juno Bruto.

 

Nada presagiaba que estos espectáculos se convertirían poco a poco en las carnicerías que acabaron siendo: en una sola jornada de juegos podían morir cientos de personas y animales. En el año 29 a.C. Estacilio Tauro construyó el primer circo de piedra con la única finalidad de celebrar en él luchas entre gladiadores, debido a la gran afición sobre las mismas del pueblo romano. Los gladiadores eran habitualmente esclavos, prisioneros de guerra o bien condenados por algún delito grave. Practicando la lucha se les daba la oportunidad de conseguir su libertad, la fama y, en muchos casos, una considerable posición económica. Tampoco faltaron personas que ingresaron en los Ludi (escuelas de entrenamiento y formación de gladiadores) con el único afán de divertirse y conseguir fama. Dentro de las leyes romanas había una que castigaba al reo a la condena llamada Ad gladium, es decir a luchar a muerte con la espada en la arena del circo. Todos los gladiadores eran entrenados en los Ludi, cuyos propietarios eran los Lanistae.

Los gladiadores tenían una dieta vegetariana alta en proteínas, ya que se alimentaban básicamente de cebada y otras legumbres. De esta forma conseguían engordar y tener una gran masa muscular, escudo natural que les protegía contra heridas profundas producidas durante los combates.

Solían tener numerosas fracturas y heridas en los combates pero según los restos óseos que se han estudiado, presentaban buenas recuperaciones, ya que al conseguirse mucho dinero con su comercio, los mejores médicos les trataban sus lesiones. También recibían masajes y baños, como parte de su cuidado.

Existieron según la vestimenta y el tipo de armas que usaban varios tipo de gladiadores; mirmos, reciarius, tracius, secutors etc.

De Roma pasaron a exportarse a las demás provincias del Imperio, con la excepción de Grecia, donde parece que no tuvieron nunca éxito ni gran predicamento entre la población, que los veía como una práctica salvaje y bárbara.

Se llegaron a gastar enormes sumas en todo tipo de juegos lúdicos, siendo los combates de gladiadores los que más exaltaban y gustaban al pueblo de Roma. El pueblo de Roma se volvía muy inquieto cuando le faltaba dos cosas: el trigo y el circo, de ahí que se dijera la famosa frase de "Panes et Circus"; pan y circo sólo quería la plebe. Hasta tal punto llegaron a ser importantes los combates de gladiadores que se tuvieron que promulgar una leyes que regularan celebración, las llamadas Leges gladiatorae, estatutos por los que se debía regir dicho espectáculo. Además de los magistrados y del propio emperador, estos juegos podían ser montados por un empresario privado, que cobraba entrada por ver el espectáculo, pero siempre contando con el permiso de las autoridades.

Las luchas de gladiadores evolucionaron tanto que los gastos cada vez fueron más grandes, por lo que, salvo los organizados por el emperador, se restringió el número de combatientes. Muchos lanistae cobraban enormes sumas por prestar sus luchadores, lo mismo que ciertos gladiadores que tenían un precio muy alto. Estos gladiadores solían ser antiguos esclavos que habían conseguido su libertad en la arena, no abandonando el único oficio que sabían realizar, ganando mucho dinero y fama que seguramente en la sociedad civil no conseguirían. El emperador Tiberio llegó a pagar la cantidad de 100.000 sestercios en el contrato de una terna de gladiadores.

El entusiasmo del público desembocaba muchas veces en auténticas batallas campales, como ocurrió en Pompeya; las increpaciones de pompeyanos contra sus vecinos de Nuceria provocaron una multitudinaria refriega que provocó algunos muertos. Indignado, Nerón castigó a los pompeyanos con la clausura de los ludi durante 10 años desde el 59 d.C., aunque él mismo participaba a menudo en este tipo de escaramuzas.

El emperador Constantino, en el año 325 reprobó los espectáculos sangrientos. En el año 399 se suprimieron las escuelas imperiales de gladiadores. Juan Crisóstomo consideró los acosos de fieras como escuelas de crueldad y de insensibilidad. Estos últimos espectáculos duraron en el oriente hasta el s. VI. Con las invasiones bárbaras, que penetraron en Hispania entre los años 409-412, se debieron suprimir, pero volvieron a celebrarse años después.

La otra actividad por la que los romanos sentían pasión era las carreras de carros del circo (ludi circenses ), por las que los romanos sentían una pasión que rayaba en la locura. Algunos de los edificios que se construyeron para albergarlas llegaron a ser colosales. Un claro ejemplo lo constituye el Circo Máximo de Roma, que en el s.IV tenía capacidad para 385.000 espectadores, realmente increíble.
Todo romano era un apasionado seguidor de alguno de los equipos que competían (factiones). A lo largo del Imperio el verde y el azul fueron los favoritos en Roma y era tal la rivalidad entre sus seguidores enfrentados que se producían auténticos estallidos de violencia como anteriormente hemos indicado.

La carrera iba precedida de un desfile (pompa) encabezado por el magistrado que ofrecía los juegos (editor). Los carros eran arrastrados generalmente por cuatro caballos (cuadriga ) aunque también por dos (viga ) o por tres (triga) Cuando el editor daba la salida lanzando a la pista una tela blanca (mappa), los caballos salían disparados y un griterío ensordecedor se apoderaba de todo el circo, Hasta ese momento no quedaban cerradas las últimas apuestas.

El auriga o conductor que solía ser un esclavo, se protegía la cabeza con un yelmo de metal. Con una mano manejaba las riendas, que también llevaba atadas a la cintura, mientras portaba la fusta en la otra. Alternaban carreras al galope y al trote, pero ambas resultaban muy duras. Los participantes tenían que dar siete vueltas a la spina, un muro de poca altura de unos 340 metros de longitud dispuesto en el centro de la pista y adornado con estatuas y otros elementos arquitectónicos. Desde el primer instante emprendían una lucha feroz por conseguir las mejores posiciones: se cruzaban las trayectorias de los carros y el giro en las curvas se convertía en el momento más peligroso ya que solían producirse aparatosos accidentes. Conforme se acercaba el final la carrera se aceleraba; los cocheros corrían rueda contra rueda e intentaban derribar a sus adversarios. Si un auriga caía debía cortar rápidamente las riendas con el cuchillo que llevaba al efecto en la cintura pues se exponía a que los caballos lo arrastrasen por todo el circo.

Una línea blanca frente a la tribuna de honor señalaba la meta; a la llegada del primer carro, el juez alzaba una tela con el color del equipo vencedor y anunciaba el nombre de su mejor caballo (funalis) y el del auriga correspondiente. Éste era considerado como un héroe y algunos llegaban a adquirir gran fama y a amasar verdaderas fortunas. Fue el caso del hispano Diocles, que en época de Trajano y Adriano venció en 1.462 carreras y ganó 35 millones de sestercios.

Tal era la afición por los juegos que Juan Crisóstomo en junio del 399 atacó violentamente en su homilía, celebrada en Constantinopla, los juegos circenses y el teatro. Se admira que los cristianos hubieran dejado vacía la iglesia para acudir al circo. Se pone furioso porque aún el Viernes Santo se celebraban carreras de carros, y el Sábado Santo sucedía lo mismo. Estos ataques indican bien la popularidad de los juegos y espectáculos entre los cristianos, aún en fecha tan avanzada como los finales del s. IV.

Los intelectuales griegos y romanos no rechazaban estos espectáculos. Describen los combates de gladiadores con total indiferencia. La población se apasionaba por ellos. Fueron los principales espectáculos de masas del Imperio Romano. Los lugares en los que se celebraban servían para establecer, estimular las relaciones amorosas o para conversar, como afirma el poeta Ovidio, contemporáneo de Augusto. Los poetas del s. I, Estacio y Marcial, celebran en sus poesías los espectáculos, que fueron bien vistos por Cicerón, Plinio el Joven, gran amigo de los hispanos, a los que defendió contra el abuso de malos gobernantes, alaba a un amigo por organizar un combate de gladiadores, en los que participaron muchas panteras y alaba también a Trajano por celebrar la conquista de Dacia, la actual Rumanía, con combates en los que participaron bastantes miles de fieras y de gladiadores. El filósofo cordobés Séneca, fue el único escritor romano que rechazó los combates de gladiadores. Séneca, en una de sus cartas a Luicilius, escribía "Ejercer sus músculos, fortalecerlos, son trabajos inútiles para el hombre juicioso". Séneca incluso pone en duda el interés higiénico del ejercicio físico. Los combates de gladiadores también fueron rechazados por todos los escritores cristianos y en general todos los espectáculos por ser rituales en honor de la Tríada Capitolina

Los espectáculos del circo y del anfiteatro provocaron críticas, extendiéndose esta reprobación al conjunto de los ejercicios físicos.

Los romanos veían en este tipo de actividades una manera de pasar el tiempo o de embellecer el cuerpo, aspectos más propios de gentes ociosas que del hombre íntegro. En la época del imperio, sin embargo, se extiende la preocupación por el cuerpo entre los patricios, de lo que quedan patentes muestras en las monumentales "termas" romanas, que tenían anejas palestras donde también se practicaba algún tipo de gimnasia que no tenía fines educativos ni estéticos, ya que las termas eran, sobre todo, centros de reunión social y no centros educativos, como podría suceder con los Gimnasios y Academias en Grecia. La atención al cuerpo entre los romanos cultos tenía más que ver con una vida regalada y de placer que con un fin formativo. Esto es lo que da a que, por otra parte, algunos pensadores, como Polibio elogien a los jóvenes, como Scipión Emiliano, que se interesaba por casar a caballo, mientras los otros jóvenes se dedicaban a la "vida regalada" o a las conversaciones en el Foro. Otras veces, por el contrario y como es el caso de Cicerón, se muestran contrarios a la gimnástica salvo en la medida en que haga del cuerpo un buen instrumento de la voluntad, es decir, para subordinarlo a la "humanitas" que requiere costumbres sobrias.

El tipo de gimnasia que más proliferó en Roma fue la gimnasia atlética y profesional que se manifestaba en los espectáculos de lucha y que despertaba pasiones muy fuertes entre los espectadores; espectadores que buscaban estos espectáculos como contrapunto a su vida ociosa. Es la degeneración de la gimnasia.

También el pensamiento filosófico se preocupa en Roma de la educación física. Séneca considera que el cuerpo debe estar subordinado al alma y que debemos conservar las cualidades corporales y todo lo que se encuentra relacionado a nuestra naturaleza, pero éstas son cosas fugitivas y no debemos convertirnos en esclavos. Por eso Séneca hace notar lo absurdo de dedicar tanto cuidado a los músculos, a la apariencia: "Una gimnasia cultivada en exceso no solamente es ridícula sino que es nefasta; el espíritu es acaparado por los ejercicios físicos y embotado por un alimento superabundante. Concedamos a nuestro espíritu un servidor obediente. Deseamos nuestro espíritu".

En seis siglos la inversión de valores se consuma. Después de un período de olimpismo y de culto a la belleza y a la fuerza corporal, el espíritu adquiere cada vez más relieve, desplazando al ejercicio físico, que se atrinchera en su función higiénica, lo cuál es incluso contestado en la Roma imperial. Se puede decir con Maroux que "En la época cristiana, la educación Física asiste a su bella muerte, sin revolución violenta, como una institución vieja".

 

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